Una vez me dijeron que los gorilas se demostraban cariño y
familiaridad de formas muy parecidas a las de los humanos. O sea, somos como
parientes; incluso sé que si les presento a mi tío Jose todo esto de la teoría
de la evolución estaría comprobado. Así que me agarró la curiosidad y busqué
algunas fotos de estos animales dándose cariño. Un gorila detrás de otro
investigando entre sus pieles en busca de piojos e insectos, de una forma que
parece que se están haciendo cariño. Y este ritual y me hizo recordar a algo,
sé que he visto eso antes, sé que me es parecido a… ¡cuando le reviento granos
a mi novio!
Pero es que es lo
mismo. Cada vez que muchas chicas vemos un grano en el novio, es como si una
atracción incontrolable nos atacara. Esto no pude compararse ni con el
lanzamiento del tráiler de Magic Mike, esto sí es fuerte.
No puedes dejar de verlo, no puedes dejar de pensar en eso. Quieres reventar ese grano.
Maldito grano.
No puedes dejar de verlo, no puedes dejar de pensar en eso. Quieres reventar ese grano.
Maldito grano.
Todo empieza en la cara. La primera vez que vemos un grano
entra la curiosidad. Lo miramos, lo señalamos, e incluso lo tocamos con un dedo.
“¡Au! Deja” dice él pero nosotras nos paramos y de la nada nos arriesgamos y PLOP,
chau grano. Era pequeño y no tuvo la mayor relevancia pero ya perdimos, o él
perdió. No hay vuelta atrás.
Si antes lo perseguíamos para darle besos o tener cariño,
ahora queremos ver si le ha salido un grano. ¡GRANOS MALDITOS!
Todas sabemos que el amor y la comida son compañeros
inseparables. Si hay amor hay salidas, tragadera, rollos y al final: granos.
¡Sí! En nosotras es terrible así que cuando no salimos con el novio nos morimos
de hambre, pero ellos son diferentes y seguirán aflojando el pantalón. Esto
quiere decir que en algún momento lo llegaremos a ver, al GRAN GRIAL de los
granos: el grano de la espalda. ¿Por qué la espalda? No sé, pero siempre son los granos más grandes, despreciables y
apretables están ahí. Y si están en la parte superior de la espalda es más
cómodo.
De repente nos encontramos una noche, detrás de él, viendo
su espalda con un poco de papel higiénico en la mano porque sabes que será
desastroso, pero no retrocedes. Ese grano duele y lo sabes, pero tu
satisfacción vale su dolor. Vamos apretando, se va hinchando, se va poniendo rojo,
crece y de repente suena un sonido nuevo que se funde con un quejido de dolor.
Tu Jane, él Tarzan, yo Emma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Exprésate